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MAIKA, LA NOCHE

 MAIKA, LA NOCHE (Publicado en la revista literaria Papeles del Caracol nº 6, noviembre 2025) Maika sale de su portal. Asfalto mojado, ajeno, brillante como una larga espada de acero. ¿Qué hora es? Unos neones decrépitos anuncian la entrada de un cinematógrafo vacío. Bajo las sombras neogóticas de la parroquia Estrella del Mar, en la calzada perduran huellas de zapatos que pasaron por allí. Maika apresura el paso, llega a la avenida donde automovilistas pasan buscando el verde, deteniéndose ante el rojo. Tubos de escape rugiendo. Luces brillando en la chapa de las carrocerías. Los tacones de Maika resuenan en la acera al pasar ante las luces encendidas del Colegio de Ferroviarios. Clases de adultos tras los cristales, fluorescentes mortecinos en los techos, una pizarra en una de las paredes, una persiana a medio bajar oculta alumnos, sueños anclados en un presente sin futuro. El profesor pasea alejándose de la ventana o quizá acercándose quién sabe dónde. ¿Qué hora es? Precisam...

ORADOUR-SUR-GLANE, EL PUEBLO DEL SILENCIO

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ORADOUR-SUR-GLANE, EL PUEBLO DEL SILENCIO (Publicado en la revista TOP VIAJES, enero de 2018) Atravesar la Aquitania para llegar hasta aquí por primera vez tiene algo de desasosiego, una sensación extraña, como si uno no quisiera llegar al destino. Hay un momento en el que el dicho “todos los caminos llevan a Roma” parece hacerse realidad. En cada cruce, en cada esquina, hay un letrero que nos recuerda en todo momento hacia dónde girar para llegar hasta Oradour-sur-Glane. El pequeño y cercano río Glane pasa justo al sur, llevando sus aguas hasta un afluente del Loira llamado Vienne. Está claro que los dos hoteles con que contaba Oradour en los primeros años del siglo anterior deben su existencia a este río llamado Glana en occitano, la lengua vernácula de aquí. La temporada de pesca atraía hasta aquí año tras año a gran cantidad de pescadores que encontraban en este enclave un remanso de sosiego donde dar rienda suelta a sus cañas y a sus aparejos. Además de estos dos hoteles, Orad...

DONDE REGRESAN LAS GAVIOTAS

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DONDE REGRESAN LAS GAVIOTAS   (Publicado en la revista literaria Papeles del Caracol, número 0b) A José Catalina, a Manolo Ceada, a mi tocayo el Toti y a Joaquín el Yila,  marineros viejos y sabios de El Rompido  con quienes visité por primera vez las ruinas de la almadraba Nueva Umbría Sobre la maleza, que ha crecido por todas partes, aparece una esbelta construcción de sección cuadrada de ladrillo que un día fue blanca. Es la chimenea de la alquitranadera, lo único del poblado que se ve desde la lejanía. Después de un pequeño entrante de la orilla aparece la torre de la casa del capitán y lo que queda de la caseta del gasoil, una a continuación de otra, junto al muelle de atraque casi sumergido ahora por la marea alta.  Llegar bogando hasta Nueva Umbría tiene algo de compás de espera, late cierto desasosiego mientras el remo va acortando la distancia. Cuando me queda poco más de un centenar de brazas para llegar al viejo muelle colmado de escaramujos, las ret...

LA HERENCIA MALDITA

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  LA HERENCIA MALDITA (Publicado en la revista LAGAR Y LUZ, septiembre de 2001) Sólo las chicharras distraen el oído en este atardecer en que el sol marca en los ladrillos su huella de calor y rutina. He dejado la bicicleta a la sombra de un montón de olvido, abriéndome paso por entre las hierbas secas que crecen por todas partes. He vuelto a ver el pozo, estos árboles desvencijados que parecen moreras y la fiel buganvilla que crece acariciando uno de los muros del antiguo claustro. Cada vez que vuelvo aquí, la desolación es un poco mayor y menor lo que va quedando de nuestra historia. Queda la higuera y las reseñas que cada año aparecen en las escasas publicaciones locales: referencias a los Frailes Terceros, a la Virgen que cambió de nombre y a los tañidos de las campanas que los agricultores seguían oyendo después de que el cenobio hubiera quedado abandonado. Todo de papel y tinta. No corren realmente buenos tiempos para la lírica. La arquitectura sólo es hoy rentable cuando rep...

¡POCA A ENERO!

 ¡POCA A ENERO! (Finalista Premio Onuba de Novela 2018 Publicado por Editorial Onuba, 2019) -fragmento- -Cabo Pinto –silabeó el capitano. Me cuadré hasta la coronilla y abrí los tímpanos. -Te he elegido voluntario por tus sobradas maneras –anunció mientras echaba un trago de la petaca. -Sus órdenes –dije yo. -Tríncate una escuadra reclutona y asómate por el cuerpo de guardia. -Sí, mi capitano. -Hay unas cajas de Arrollador para llevar a la cantina de oficiales –continuó, antes de volver a echarse el botellín al coleto. Nada más oír lo de la cantina y el mollate, sentí que una ancha sonrisa se aposentaba en mi jeta y que un breve vértigo me subía, pese a mi cuadratura, gambeteando hasta las tragaderas. El capi pisoteó el cemento cuarteado del patio, con una mano en la visera y la otra en el bolsillo donde intentaba guardar la petaca de calimocho, y chilló: -¡Eeeenga ya, coñoooo! Intenté cuadricularme aún más y chillé yo también: -¡Ahora mismito, mi capi! Un rápido reojo por la Cía ...

EL BOSQUE PETRIFICADO

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                              EL BOSQUE PETRIFICADO (Publicado en la revista Papeles del Caracol, nº 0a) Paso un recodo más pequeño y miro a mi izquierda: decenas de troncos grises y retorcidos, altos y entecos, surgen de repente del agua como los dedos de un gigante elevándose al cielo pidiendo clemencia. -El bosque petrificado –digo en voz alta, quizá para invocar a la realidad en este paisaje onírico, para sobreponerme al silencio que rodea este lugar, mientras me viene a la memoria la película del mismo título. Me acerco y me cuelo entre ellos, remando con cuidado para no dar con el remo en los troncos. Son árboles secos que un día gozaron de savia y crecieron en una zona ajena al cauce, pero de la que el Tinto se adueñó con el tiempo. Ahora son árboles momificados por los minerales que arrastra el río, por la pirita y el arsénico, por este color anaranjado y rojo, negro como una pesadilla, por esa pale...

LA ORQUESTA MALATAO

LA    ORQUESTA    MALATAO (OS MÚSICOS DO COMBOIO) (Primer premio relato corto CIUDAD DE PALOS, 2004) A la memoria de   Antonio Domínguez “Marce” y Manolo Orta “Lolito” Cuántas lunas se colaron por la ventanilla de nuestro compartimento como una compañera más en los viajes de regreso. Blue Moon canturreábamos a pelo, sin sacar los instrumentos de los estuches, acompañándonos si acaso con las palmas de las manos en los muslos. Y mientras, la locomotora silbaba distante, tanto que hubiérase dicho que no era la misma que iba tirando de nuestro vagón.  Cuántas fueron las noches algarvías cuajadas de estrellas. Cuántas las conversaciones a media voz salpicadas de silencios cómplices. Creo que por eso nos gustaba hacer los viajes de vuelta con las luces apagadas, por si nos daba por hablar, sobre todo si la actuación había sido buena. Entonces los viajes nocturnos se convertían en uno de los momentos más gratos de la jornada y todos éramos conscientes de...