UNA SORDERA REAL

 UNA  SORDERA  REAL

Pantomima infantil en dos actos

Las revoluciones nunca han aligerado el peso de las tiranías, sólo lo han cambiado de hombros.

George B. Shaw

 (Estrenado en la fiesta de fin de curso por mis alumnos de Quinto de Primaria en junio de 2015) 

PERSONAJES

por orden de aparición Robespierre, Danton, Ujier, Cabo Parbleu, Mirabeau, Madame Guillotine, Verdugo Bourreau, María Antonieta, Prima Postiza, Luis XVI

ACTO I

Robespierre, Danton y Mirabeau están sentados cada uno en un sillón en la biblioteca de palacio. Se han quedado dormidos después del almuerzo. De pronto Robespierre se despereza.

 

ROBESPIERRE (levantándose del sillón y cortando una tajada de sandía): Hoy haremos la revolución.

DANTON (abriendo un ojo y fijándose en cómo corta su amigo la sandía): Así le cortaremos el pescuezo al rey, compadre.

ROBESPIERRE: Luisillo cree que nos chupamos el dedo.

DANTON: Lo que él no sabe es que mi amiga Guillotine va a prestarme la herramienta de convencer.

UJIER (asomándose y dando un bastonazo en el suelo): Eminencias, el cabo Parbleu.

CABO PARBLEU (entrando en ese momento, cuadrándose y llevando la mano a la visera de la gorra): Traigo novedades.

ROBESPIERRE: ¿Un poco de sandía?

DANTON: Sí, córtale una tajada, para que se vaya acostumbrando al color.

CABO PARBLEU (aún con la mano en la gorra): La gente está harta del rey, de la reina, de su prima Postiza y de nosotros.

ROBESPIERRE (chorreándole el caldo de la sandía por la barbilla y la pechera): ¿De nosotros?

CABO PARBLEU: Sí, de nosotros, ya saben todos que Madame Guillotine viene en su carroza y trae la cuchilla de afeitar.

DANTON (levantándose y acercándose al cabo Parbleu): ¿Y cómo se han enterado, mi cabo?

Se supone que el único que sabe que Madame Guillotine salió esta mañana de Fontainebleau soy yo.

CABO PARBLEU: Me parece que la gente se está quedando con la copla.

ROBESPIERRE: ¿Qué quiere decir usted, Parbleu?

MIRABEAU (despertándose y dando un respingo en el sillón): ¡Lo tengo, lo tengo!

DANTON (volviéndose a Mirabeau): ¿Qué es lo que tienes?

MIRABEAU: He soñado con nuestro eslogan.

ROBESPIERRE: ¿Eslogan?

DANTON (dándole la razón a Mirabeau): Claro que sí, con un eslogan parecerá que esto es una revolución de verdad.

MIRABEAU: Y lo que es más importante, todos pensarán que la hacemos por la patria.

ROBESPIERRE: Ajá.

MIRABEAU: Son solo tres palabras.

DANTON: ¿Tres palabras nada más?

MIRABEAU: Tres palabras, pero qué tres palabras, señores. Pasarán a la historia, y nosotros pasaremos con ellas.

ROBESPIERRE: Bueno, Mirabeau, ¿y qué eslogan es ése?

DANTON: Eso digo yo, nos tiene usted en ascuas, Mirabeau, ¿qué eslogan es?

MIRABEAU (trazando con las manos un cartel imaginario en el aire): “Veni, vidi, vici”.

ROBESPIERRE: ¡Toma ya!

DANTON: ¡Qué pelotazo!

MIRABEAU: Estaba soñando con un rebaño de borregos cuando se me ocurrió.

ROBESPIERRE (dándose la vuelta y dirigiéndose al cabo): ¿Qué le parece a usted, Parbleu?

CABO PARBLEU (aún con la mano en la visera): Con el debido respeto, señor, me parece un churro migado.

ROBESPIERRE: ¿Un churro migado, dice?

CABO PARBLEU: Creí que diría otra cosa.

DANTON: Pues a mí me gusta. Tiene un no sé qué.

CABO PARBLEU: Además, ese eslogan me suena de algo.

DANTON y ROBESPIERRE: ¿Le suena?

CABO PARBLEU: Como si lo hubiera escuchado antes.

ROBESPIERRE: ¿Está usted seguro?

CABO PARBLEU: En el instituto quizás.

DANTON: ¿En el instituto? No puede ser.

CABO PARBLEU: O posiblemente en otra revolución anterior.

ROBESPIERRE: ¿Tiene usted algún eslogan mejor, mi cabo?

CABO PARBLEU: Pues, no sé, algo así como “El que no corre, vuela”.

ROBESPIERRE: Mmmmm, no está mal tampoco.

DANTON: Sí, sí, suena bien.

MIRABEAU: De eso nada, elegiremos mi eslogan, que para eso yo soy abogado mientras que Parbleu es un simple cabo chusquero.

CABO PARBLEU (aún firmes con la mano en la visera): Claro, Mirabeau, lo que usted quiere es cobrar por los derechos de autor.

UJIER (asomándose de nuevo y dando un golpe con el bastón en el suelo): ¡Eminencias, su excelencia, la inventora Madame Guillotine y su acompañante el Verdugo Bourreau!

MADAME GUILLOTINE (da un traspiés al entrar): ¡Uf, qué viajecito!

VERDUGO BOURREAU: Me duelen hasta los aposentos.

MIRABEAU: ¡Querrás decir las posaderas!

VERDUGO BOURREAU: ¡Qué más da! Lo mismo me duelen los unos que las otras.

DANTON: ¡Ya era hora!

ROBESPIERRE: ¿La habéis traído?

MADAME GUILLOTINE: ¡La duda ofende! (Al ujier, que sigue en la puerta) ¡Éntrala de a pocos!

DANTON (volviéndose hacia el cabo Parbleu, que sigue saludando a la visera): Ayúdele usted, mi cabo.

CABO PARBLEU (arrastrando la guillotina con el ujier hasta el centro de la sala): ¡Cómo pesa la condenada!

ROBESPIERRE: Muchas gracias por el favor y perdonad las molestias, Guillotine y Bourreau.

MADAME GUILLOTINE: ¿Muchas gracias? No, no, esto no es un favor, cuesta veinte francos más los impuestos.

VERDUGO BOURREAU: ¿De dónde si no nuestro papeo?

DANTON (alarmado): ¿Veinte francos?

MADAME GULLOTINE: Veinte francos cuando hay que cortar el pescuezo a uno que esté flaco, como esté gordo vale el doble.

ROBESPIERRE: ¿El doble?

MADAME GUILLOTINE: Claro, con uno gordo la cuchilla se gasta más.

VERDUGO BOURREAU: Además, yo tengo que hacer más fuerza y cobro más monedas.

DANTON: Entonces nos costará un dineral porque los reyes están gordos como sollos.

ROBESPIERRE: Tendréis que hacernos una rebaja o alquilaremos el garrote a los españoles, que es más barato.

MADAME GUILLOTINE: ¿A los españoles? ¿Qué saco yo entonces haciendo la revolución?

VERDUGO BOURREAU: No, no, a los españoles ni agua. Ya haremos facturas falsas.

ROBESPIERRE: ¡Qué buena idea, Bourreau!

DANTON: También tendremos que cobrar una pequeña comisión para la gloria de la revolución.

MADAME GUILLOTINE: Para la gloria y para nosotros.

ROBESPIERRE: Claro, claro, una pequeña comisión para la gloria de la revolución y una grande para nosotros.

DANTON: El pueblo valorará nuestro esfuerzo y pasaremos a la historia.

 

 

ACTO II

Luis XVI, María Antonieta y su prima Postiza están charlando en una de las estancias de la Bastilla. De pronto entran Robespierre, Danton, Mirabeau, Madame Guillotine y el Verdugo Bourreau.

 

ROBESPIERRE: Buenas, venimos a tomar la Bastilla.

MARÍA ANTONIETA: ¿La pastilla? ¿Qué pastilla?

DANTON: Usted está sorda.

MIRABEAU (a Danton): Ya me habían dicho que la realeza estaba un poco sorda, pero no creí que fuera tanto.

ROBESPIERRE: Y que sus majestades sepan que ya hemos tomado palacio.

MARÍA ANTONIETA: ¿Despacio? ¿Y para qué se van a tomar la pastilla despacio?

PRIMA POSTIZA: Mejor se pone usted una inyección.

LUIS XVI (a su mujer): ¿Qué es todo este jaleo?

MARÍA ANTONIETA: ¿Un tebeo?

LUIS XVI (de nuevo a su mujer): ¿Qué pasa, Antoñita?

MIRABEAU: Pasa que están todos ustedes duros de oído.

VERDUGO BOURREAU: Y pasa también que hemos inventado la revolución.

MARÍA ANTONIETA: Ah, ¿es el sarampión?

DANTON (perdiendo la paciencia): No, no, la revolución. Ya no habrá reyes viviendo del cuento, formaremos un parlamento.

LUIS XVI: ¿Un tratamiento?

PRIMA POSTIZA: Claro, un tratamiento para el sarampión.

MIRABEAU: La realeza no se entera de nada, necesita una trompetilla.

MARÍA ANTONIETA: Y dale con la pastilla, pues tómesela ya y déjenos tranquilos.

VERDUGO BOURREAU: ¡Qué tremenda sordera tiene esta gente!

MADAME GUILLOTINE: Miren ustedes, ya se les ha acabado el chollo.

LUIS XVI: Pues claro que estamos como sollos, si no paramos de comer.

PRIMA POSTIZA: Y no como ustedes, que están como galgos resecos.

MADAME GUILLOTINE: Eso se ha acabado, ustedes se van a ir al paro.

DANTON: Y nosotros a las Tullerías.

MARÍA ANTONIETA: Claro que son tonterías, ¡y de las grandes!

VERDUGO BOURREAU (a Robespierre, Mirabeau, Danton y Guillotine): ¿Sabéis cómo se cura esta sordera real?… con la guillotina.

MADAME GUILLOTINE: Una pasadita rápida de la cuchilla por el gaznate y listo, curados.

MIRABEAU (acercándose a María Antonieta): Y para terminar haremos una asamblea.

LUIS XVI (reprendiéndolo): ¿Fea? ¡Más feo eres tú!

MIRABEAU: ¡Cómo está la monarquía!

DANTON: Necesita una gran parte del presupuesto para ir al otorrino.

PRIMA POSTIZA: ¿Qué pasa con el vecino?

DANTON: Pasa que ya estamos hartos.

PRIMA POSTIZA: ¿Ya están hartos? Pero si todavía no hemos empezado a comer.

DANTON: ¡Ajá, bien que ha oído ahora que estamos hartos!

ROBESPIERRE (a Danton): Se enteran de lo que les conviene.

MIRABEAU: Ustedes nos van a dejar el gobierno del país y la llave de la caja de caudales.

ROBESPIERRE: Para eso Madame Guillotine ha traído su máquina de convencer.

MIRABEAU: Eso, eso, al que no quiera por las buenas, le afeitaremos en seco las paperas.

PRIMA POSTIZA: ¿Las paperas? ¿Pues no era el sarampión?

DANTON: Anda, (acercándose a la prima Postiza) lo que yo decía, parecía que estaban sordos, pero bien que ha oído ahora lo de las paperas.

ROBESPIERRE: Lo que yo digo, la realeza se entera cuando quiere.

MADAME GUILLOTINE (acercándose a la guillotina): Pues sí, señora, para las paperas.

MARÍA ANTONIETA: Oh, qué buen aparato, mira, Luis, esto es lo que nos hace falta para las cocinas.

PRIMA POSTIZA: Para la piscina y para cortar las hortalizas.

MARÍA ANTONIETA: Luis, cómprasela ahora mismo. Esto es lo que necesitamos para cortar los rábanos, los tomates y las zanahorias.

LUIS XVI: Por supuesto que haremos historia. Como que no hay familia real en toda Europa que tenga una máquina de estas para cortar las remolachas.

PRIMA POSTIZA: Tú lo has dicho, Luis, esta mujer es un hacha.

MARÍA ANTONIETA: ¿Y cuánto nos cobrarías por ella, buena señora?

MADAME GUILLOTINE: No lo he pensado.

LUIS XVI: ¿Tan barato? Nos quedamos con ella, además te nombraremos condesa.

MADAME GUILLOTINE: Condesa de Guillotine, ¡qué bien suena, majestad!

VERDUGO BOURREAU: Y yo, Conde de Bourreau... (Al público) Cómo me priva el discreto encanto de ser aristócrata.

LUIS XVI (a Madame Guillotine): Y, por si fuera poco, te regalaré mi peluca de los domingos.

MADAME GUILLOTINE: Guapa, guapísima voy estar.

VERDUGO BOURREAU: Ya te veo en la prensa rosa un día sí y el otro también.

ROBESPIERRE: Guillotine, Bourreau, ¿no me digáis que os vais a rajar ahora que ya está casi hecha la revolución?

MADAME GUILLOTINE: (a Robespierre, Danton y Mirabeau, encogiéndose de hombros): Se siente.

DANTON: ¿Cómo que se siente?

MADAME GUILLOTINE: Hombre… con los reyes haré mejor negocio.

ROBESPIERRE: Pero, ¿y nuestro trato?

VERDUGO BOURREAU: No es barato. Tal como ha dicho Madame, es un buen negocio.

ROBESPIERRE: He dicho trato.

MADAME GUILLOTINE: ¿Un rato? De eso nada, será para siempre.

VERDUGO BOURREAU al público): Al menos, mientras le dure la peluca.

MIRABEAU: Con tantos sordos no hay quien se aclare.

ROBESPIERRE: Que se hacen los sordos, que no es lo mismo.

MADAME GUILLOTINE (sentándose entre Luis XVI y María Antonieta): Lo siento, esto me conviene más.

DANTON: Ya sabía yo que nos ibas a dejar colgados, Guillotine.

MIRABEAU: Y tú también, Bourreau.

ROBESPIERRE: No hay más que ver cómo vais vestidos.

MIRABEAU: ¿Y mi eslogan? ¿Y la revolución?

LUIS XVI: Nada de sarampión. Os meteré en la mazmorra.

ROBESPIERRE, DANTON Y MIRABEAU (a coro): ¿La gorra?

MADAME GUILLOTINE (al público): Je, je, ahora son ellos los que se han quedado como una tapia.

LUIS XVI: No os hagáis los sordos, no me refiero a la gorra, sino a la mazmorra.

ROBESPIERRE: Bourreau, tú que eres el más sensato, échanos una mano, anda, que nos van a meter en el talego.

VERDUGO BOURREAU: Eso, eso, hasta luego.

MADAME GUILLOTINE (al público): Ya lo decía mi padre, al que cuece y amasa, de todo le pasa.

 

TELÓN

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