UNA SORDERA REAL
UNA SORDERA REAL
Pantomima infantil en dos actos
Las revoluciones nunca han aligerado el peso de las tiranías, sólo lo han cambiado de hombros.
George B. Shaw
PERSONAJES
por orden de
aparición Robespierre, Danton, Ujier, Cabo Parbleu, Mirabeau, Madame Guillotine,
Verdugo Bourreau, María Antonieta, Prima Postiza, Luis XVI
ACTO I
Robespierre,
Danton y Mirabeau están sentados cada uno en un sillón en la biblioteca de
palacio. Se han quedado dormidos después del almuerzo. De pronto Robespierre se
despereza.
ROBESPIERRE
(levantándose del sillón y cortando una tajada de sandía): Hoy haremos
la revolución.
DANTON (abriendo
un ojo y fijándose en cómo corta su amigo la sandía): Así le
cortaremos el pescuezo al rey, compadre.
ROBESPIERRE:
Luisillo cree que nos chupamos el dedo.
DANTON:
Lo que él no sabe es que mi amiga Guillotine va a prestarme la herramienta de
convencer.
UJIER
(asomándose y dando un bastonazo en el suelo): Eminencias, el cabo
Parbleu.
CABO
PARBLEU (entrando en ese momento, cuadrándose y llevando la mano a la visera
de la gorra): Traigo novedades.
ROBESPIERRE:
¿Un poco de sandía?
DANTON:
Sí, córtale una tajada, para que se vaya acostumbrando al color.
CABO
PARBLEU (aún con la mano en la gorra): La gente está harta del rey, de
la reina, de su prima Postiza y de nosotros.
ROBESPIERRE
(chorreándole el caldo de la sandía por la barbilla y la pechera): ¿De
nosotros?
CABO
PARBLEU: Sí, de nosotros, ya saben todos que Madame Guillotine viene en su
carroza y trae la cuchilla de afeitar.
DANTON
(levantándose y acercándose al cabo Parbleu): ¿Y cómo se han enterado,
mi cabo?
Se
supone que el único que sabe que Madame Guillotine salió esta mañana de
Fontainebleau soy yo.
CABO
PARBLEU: Me parece que la gente se está quedando con la copla.
ROBESPIERRE:
¿Qué quiere decir usted, Parbleu?
MIRABEAU
(despertándose y dando un respingo en el sillón): ¡Lo tengo, lo tengo!
DANTON
(volviéndose a Mirabeau): ¿Qué es lo que tienes?
MIRABEAU:
He soñado con nuestro eslogan.
ROBESPIERRE:
¿Eslogan?
DANTON
(dándole la razón a Mirabeau): Claro que sí, con un eslogan parecerá que
esto es una revolución de verdad.
MIRABEAU:
Y lo que es más importante, todos pensarán que la hacemos por la patria.
ROBESPIERRE:
Ajá.
MIRABEAU:
Son solo tres palabras.
DANTON:
¿Tres palabras nada más?
MIRABEAU:
Tres palabras, pero qué tres palabras, señores. Pasarán a la historia, y
nosotros pasaremos con ellas.
ROBESPIERRE:
Bueno, Mirabeau, ¿y qué eslogan es ése?
DANTON:
Eso digo yo, nos tiene usted en ascuas, Mirabeau, ¿qué eslogan es?
MIRABEAU
(trazando con las manos un cartel imaginario en el aire): “Veni, vidi,
vici”.
ROBESPIERRE:
¡Toma ya!
DANTON:
¡Qué pelotazo!
MIRABEAU:
Estaba soñando con un rebaño de borregos cuando se me ocurrió.
ROBESPIERRE
(dándose la vuelta y dirigiéndose al cabo): ¿Qué le parece a usted, Parbleu?
CABO
PARBLEU (aún con la mano en la visera): Con el debido respeto, señor, me
parece un churro migado.
ROBESPIERRE:
¿Un churro migado, dice?
CABO
PARBLEU: Creí que diría otra cosa.
DANTON:
Pues a mí me gusta. Tiene un no sé qué.
CABO
PARBLEU: Además, ese eslogan me suena de algo.
DANTON
y ROBESPIERRE: ¿Le suena?
CABO
PARBLEU: Como si lo hubiera escuchado antes.
ROBESPIERRE:
¿Está usted seguro?
CABO
PARBLEU: En el instituto quizás.
DANTON:
¿En el instituto? No puede ser.
CABO
PARBLEU: O posiblemente en otra revolución anterior.
ROBESPIERRE:
¿Tiene usted algún eslogan mejor, mi cabo?
CABO
PARBLEU: Pues, no sé, algo así como “El que no corre, vuela”.
ROBESPIERRE:
Mmmmm, no está mal tampoco.
DANTON:
Sí, sí, suena bien.
MIRABEAU:
De eso nada, elegiremos mi eslogan, que para eso yo soy abogado mientras que
Parbleu es un simple cabo chusquero.
CABO
PARBLEU (aún firmes con la mano en la visera): Claro, Mirabeau, lo que
usted quiere es cobrar por los derechos de autor.
UJIER
(asomándose de nuevo y dando un golpe con el bastón en el suelo):
¡Eminencias, su excelencia, la inventora Madame Guillotine y su acompañante el
Verdugo Bourreau!
MADAME
GUILLOTINE (da un traspiés al entrar): ¡Uf, qué viajecito!
VERDUGO
BOURREAU: Me duelen hasta los aposentos.
MIRABEAU:
¡Querrás decir las posaderas!
VERDUGO
BOURREAU: ¡Qué más da! Lo mismo me duelen los unos que las otras.
DANTON:
¡Ya era hora!
ROBESPIERRE:
¿La habéis traído?
MADAME
GUILLOTINE: ¡La duda ofende! (Al ujier, que sigue en la puerta) ¡Éntrala
de a pocos!
DANTON
(volviéndose hacia el cabo Parbleu, que sigue saludando a la visera):
Ayúdele usted, mi cabo.
CABO
PARBLEU (arrastrando la guillotina con el
ujier hasta el centro de la sala): ¡Cómo pesa la condenada!
ROBESPIERRE:
Muchas gracias por el favor y perdonad las molestias, Guillotine y Bourreau.
MADAME
GUILLOTINE: ¿Muchas gracias? No, no, esto no es un favor, cuesta veinte francos
más los impuestos.
VERDUGO
BOURREAU: ¿De dónde si no nuestro papeo?
DANTON
(alarmado): ¿Veinte francos?
MADAME
GULLOTINE: Veinte francos cuando hay que cortar el pescuezo a uno que esté
flaco, como esté gordo vale el doble.
ROBESPIERRE:
¿El doble?
MADAME
GUILLOTINE: Claro, con uno gordo la cuchilla se gasta más.
VERDUGO
BOURREAU: Además, yo tengo que hacer más fuerza y cobro más monedas.
DANTON:
Entonces nos costará un dineral porque los reyes están gordos como sollos.
ROBESPIERRE:
Tendréis que hacernos una rebaja o alquilaremos el garrote a los españoles, que
es más barato.
MADAME
GUILLOTINE: ¿A los españoles? ¿Qué saco yo entonces haciendo la revolución?
VERDUGO
BOURREAU: No, no, a los españoles ni agua. Ya haremos facturas falsas.
ROBESPIERRE:
¡Qué buena idea, Bourreau!
DANTON:
También tendremos que cobrar una pequeña comisión para la gloria de la
revolución.
MADAME
GUILLOTINE: Para la gloria y para nosotros.
ROBESPIERRE:
Claro, claro, una pequeña comisión para la gloria de la revolución y una grande
para nosotros.
DANTON:
El pueblo valorará nuestro esfuerzo y pasaremos a la historia.
ACTO
II
Luis XVI, María Antonieta y su prima
Postiza están charlando en una de las estancias de la Bastilla. De pronto
entran Robespierre, Danton, Mirabeau, Madame Guillotine y el Verdugo Bourreau.
ROBESPIERRE:
Buenas, venimos a tomar la Bastilla.
MARÍA
ANTONIETA: ¿La pastilla? ¿Qué pastilla?
DANTON:
Usted está sorda.
MIRABEAU
(a Danton): Ya me habían dicho que la realeza estaba un poco sorda, pero
no creí que fuera tanto.
ROBESPIERRE:
Y que sus majestades sepan que ya hemos tomado palacio.
MARÍA
ANTONIETA: ¿Despacio? ¿Y para qué se van a tomar la pastilla despacio?
PRIMA
POSTIZA: Mejor se pone usted una inyección.
LUIS
XVI (a su mujer): ¿Qué es todo este
jaleo?
MARÍA
ANTONIETA: ¿Un tebeo?
LUIS
XVI (de nuevo a su mujer): ¿Qué pasa,
Antoñita?
MIRABEAU:
Pasa que están todos ustedes duros de oído.
VERDUGO
BOURREAU: Y pasa también que hemos inventado la revolución.
MARÍA
ANTONIETA: Ah, ¿es el sarampión?
DANTON
(perdiendo la paciencia): No, no, la
revolución. Ya no habrá reyes viviendo del cuento, formaremos un parlamento.
LUIS
XVI: ¿Un tratamiento?
PRIMA
POSTIZA: Claro, un tratamiento para el sarampión.
MIRABEAU:
La realeza no se entera de nada, necesita una trompetilla.
MARÍA
ANTONIETA: Y dale con la pastilla, pues tómesela ya y déjenos tranquilos.
VERDUGO
BOURREAU: ¡Qué tremenda sordera tiene esta gente!
MADAME
GUILLOTINE: Miren ustedes, ya se les ha acabado el chollo.
LUIS
XVI: Pues claro que estamos como sollos, si no paramos de comer.
PRIMA
POSTIZA: Y no como ustedes, que están como galgos resecos.
MADAME
GUILLOTINE: Eso se ha acabado, ustedes se van a ir al paro.
DANTON:
Y nosotros a las Tullerías.
MARÍA
ANTONIETA: Claro que son tonterías, ¡y de las grandes!
VERDUGO
BOURREAU (a Robespierre, Mirabeau, Danton y Guillotine): ¿Sabéis cómo se
cura esta sordera real?… con la guillotina.
MADAME
GUILLOTINE: Una pasadita rápida de la cuchilla por el gaznate y listo, curados.
MIRABEAU
(acercándose a María Antonieta): Y para terminar haremos una asamblea.
LUIS
XVI (reprendiéndolo): ¿Fea? ¡Más feo eres tú!
MIRABEAU:
¡Cómo está la monarquía!
DANTON:
Necesita una gran parte del presupuesto para ir al otorrino.
PRIMA
POSTIZA: ¿Qué pasa con el vecino?
DANTON:
Pasa que ya estamos hartos.
PRIMA
POSTIZA: ¿Ya están hartos? Pero si todavía no hemos empezado a comer.
DANTON:
¡Ajá, bien que ha oído ahora que estamos hartos!
ROBESPIERRE
(a Danton): Se enteran de lo que les conviene.
MIRABEAU:
Ustedes nos van a dejar el gobierno del país y la llave de la caja de caudales.
ROBESPIERRE:
Para eso Madame Guillotine ha traído su máquina de convencer.
MIRABEAU:
Eso, eso, al que no quiera por las buenas, le afeitaremos en seco las paperas.
PRIMA
POSTIZA: ¿Las paperas? ¿Pues no era el sarampión?
DANTON:
Anda, (acercándose a la prima Postiza) lo
que yo decía, parecía que estaban
sordos, pero bien que ha oído ahora lo de las paperas.
ROBESPIERRE:
Lo que yo digo, la realeza se entera cuando quiere.
MADAME
GUILLOTINE (acercándose a la guillotina):
Pues sí, señora, para las paperas.
MARÍA
ANTONIETA: Oh, qué buen aparato, mira, Luis, esto es lo que nos hace falta para
las cocinas.
PRIMA
POSTIZA: Para la piscina y para cortar las hortalizas.
MARÍA
ANTONIETA: Luis, cómprasela ahora mismo. Esto es lo que necesitamos para cortar
los rábanos, los tomates y las zanahorias.
LUIS
XVI: Por supuesto que haremos historia. Como que no hay familia real en toda
Europa que tenga una máquina de estas para cortar las remolachas.
PRIMA
POSTIZA: Tú lo has dicho, Luis, esta mujer es un hacha.
MARÍA
ANTONIETA: ¿Y cuánto nos cobrarías por ella, buena señora?
MADAME
GUILLOTINE: No lo he pensado.
LUIS
XVI: ¿Tan barato? Nos quedamos con ella, además te nombraremos condesa.
MADAME
GUILLOTINE: Condesa de Guillotine, ¡qué bien suena, majestad!
VERDUGO
BOURREAU: Y yo, Conde de Bourreau... (Al público) Cómo me priva el
discreto encanto de ser aristócrata.
LUIS
XVI (a Madame Guillotine): Y, por si
fuera poco, te regalaré mi peluca de los domingos.
MADAME
GUILLOTINE: Guapa, guapísima voy estar.
VERDUGO
BOURREAU: Ya te veo en la prensa rosa un día sí y el otro también.
ROBESPIERRE:
Guillotine, Bourreau, ¿no me digáis que os vais a rajar ahora que ya está casi
hecha la revolución?
MADAME
GUILLOTINE: (a Robespierre, Danton y
Mirabeau, encogiéndose de hombros): Se siente.
DANTON:
¿Cómo que se siente?
MADAME
GUILLOTINE: Hombre… con los reyes haré mejor negocio.
ROBESPIERRE:
Pero, ¿y nuestro trato?
VERDUGO
BOURREAU: No es barato. Tal como ha dicho Madame, es un buen negocio.
ROBESPIERRE:
He dicho trato.
MADAME
GUILLOTINE: ¿Un rato? De eso nada, será para siempre.
VERDUGO
BOURREAU al público): Al menos,
mientras le dure la peluca.
MIRABEAU:
Con tantos sordos no hay quien se aclare.
ROBESPIERRE:
Que se hacen los sordos, que no es lo mismo.
MADAME
GUILLOTINE (sentándose entre Luis XVI y
María Antonieta): Lo siento, esto me conviene más.
DANTON:
Ya sabía yo que nos ibas a dejar colgados, Guillotine.
MIRABEAU:
Y tú también, Bourreau.
ROBESPIERRE:
No hay más que ver cómo vais vestidos.
MIRABEAU:
¿Y mi eslogan? ¿Y la revolución?
LUIS
XVI: Nada de sarampión. Os meteré en la mazmorra.
ROBESPIERRE,
DANTON Y MIRABEAU (a coro): ¿La
gorra?
MADAME
GUILLOTINE (al público): Je, je, ahora son ellos los que se han
quedado como una tapia.
LUIS
XVI: No os hagáis los sordos, no me refiero a la gorra, sino a la mazmorra.
ROBESPIERRE:
Bourreau, tú que eres el más sensato, échanos una mano, anda, que nos van a
meter en el talego.
VERDUGO
BOURREAU: Eso, eso, hasta luego.
MADAME
GUILLOTINE (al público): Ya lo decía mi padre, al que cuece y amasa, de
todo le pasa.
TELÓN
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