CURSO DE VERANO

CURSO DE VERANO

 (Publicado en PAPELES DEL CARACOL, nª 7, primavera 2026)

La veo nada más entrar en el aula. Ahí está la chica rubia que me ha entrado por los ojos durante los días anteriores. No le quito la vista de encima mientras camino por el lateral de la clase entre los asientos y la pared, buscando un sitio libre cerca de ella. Tengo suerte, justo en la fila de atrás, un poco escorado a su derecha, hay un asiento vacío. Tomo posesión del trono casi detrás de la cascada de su pelo rubio blanco. Hoy ha venido con una camiseta de tirantas. La flor blanca en el pelo me acerca la sospecha de folklórica rubia que desecho en cuanto el bedel le pasa el micrófono y ella toma la palabra:

-Hola, Bea, y hola, Irene, ¿qué tal? –saluda a las dos ponentes-. Bueno, en primer lugar, a ver, es una pregunta un poco compleja y para… para ambas y que tiene varias, varios apartados. Eh, bueno, lo primero es, eh, sobre la constitución del sujeto agente de como mujeres, eh, la problemática que surge ahora mismo en la economía actual, ¿no?, eh, la concepci… la concepción de una biopolítica positiva a… nivel foucaultia…, bueno, foucaultiano no, butleriano y la imposibilidad de… de evadir el carácter corporal de la performatividad. Eso en un primer lugar.

Su voz ha tenido la propiedad de sacarme del duermevela en que me hallo a causa del trasiego de absenta durante casi toda la noche. Me adelanto un poco en la butaca y la observo en escorzo. Su perfil me traslada a la cultura helenística y a las cariátides. Sus gafas metálicas redondas le dan el aire de la intelectual que siempre soñé. Vuelvo a retreparme en el sillón cuando de nuevo toma la palabra:

-Y luego, en segundo lugar, más en el… en el orden de los cuerpos de las mujeres, en las colectividades, esto es, eh, a ver, hablamos… hemos hablado ya de… de la plataforma de los afectados por la hipoteca que… eh, no te acordarás, pero yo sí me acuerdo de ti, de… de san Blas –el nombre del santo suena en su voz como coro de serafines afinados que hace que me despierte otra vez del duermevela-. Y a Bea, bueno, pues nos conocimos el otro día en… en el recuento de votos de Isa. Yo soy compañera de Isa, de clase, claro. Y bueno, y bueno pues cómo se ha descompuesto un poco nuestro… nuestro consejo de feminismos, que creo que ahora mismo no estamos en nuestro mejor momento las chicas del feminismo. El otro día lo hablábamos en la playa Alba y, bueno, y algunas de las chiquitas, ¿no?, y bueno, y Isa. Y… y en ese… en ese orden de cosas, me quería referir, eh, exactamente, pues, al hecho de que podemos ha dejado bastante de lado a la plataforma de afectados por la hipoteca y también una cosa que yo echo de menos, en lo que yo… yo he hecho la tesis, es que es la psiquiatrización del cuerpo de la mujer, es decir, la… la colectividad justo en… no sé si habéis… porque no hay nadie de podemos en el orgullo loco, o sea, en el colectivo del orgullo loco.

Sí, amigos, estoy en la Complutense, y vosotros pensaréis que mis ansias de saber me han llevado a inscribirme en sus cursos de verano para ampliar mis parcos conocimientos. Nada más lejos de la realidad, asistir a las ponencias es la retribución que tengo que apoquinar ahora: Cuando durante la primavera pasada recibieron en la facultad mi colección de ensayos que titulé De algunos suicidios cotidianos, me aseguraron que sí, que lo publicarían si a cambio me matriculaba en los cursos estivales y hacía bulto en las actividades.

Miro hacia fuera por el ventanal. La lluvia de verano que acaricia el pavimento del patio interior me hace recordar a Bebu Silvetti y tarareo su melodía para mis adentros mientras pienso que, después de dos días deambulando por los pasillos, ojeando los tablones de anuncios y entrando en aulas, por fin aparece en el horizonte del curso veraniego alguien en quien merece la pena reparar. Ahí sigue ella hablando al micrófono, tan cerca de mí, que su colonia me entra por las narices y recala en mi pituitaria mientras sigue perorando:

-Es una colectividad de verdad, que sería digna de que podemos la tuviera en cuenta, porque tienen una horizontalidad y una calidad de… bueno pues de… eh, de haber ligado la economía al control del cuerpo de la mujer, desde a nivel maternal, eh, a nivel incluso ya contencioso de la psiquiatrización, o sea, de la salud mental, eh, que viene de la concepción, eh, liberal de la psiquiatrización, o sea de la antipsiquiatría, etcétera, bueno, hay muchos intelectuales metidos. Y quería saber eso, eh, si, bueno, si nos dirigimos otra vez a volver a ref… a refundar, eh, bueno a refundar, eh, un poco o a cómo se va a hacer ahora con el consejo estatal de feminismos y…

Fulgen y Félix, dos amigos que me he hecho aquí en estos días y que también vienen a saldar alguna hipoteca por publicar sus desvelos, aún estarán dormidos como marmotas entrenadas. También ellos se dieron anoche a la absenta. No lo creerán cuando, a la hora de comer, les descubra que estoy tan cerca de la chica rubia que su respiración entre frase y frase llega hasta mí como un analgésico novedoso, que incluso puedo ver cada detalle del mapa de su espalda blanca por encima de la camiseta de tirantas. Ninguno de los dos creerá que su voz se persona en mis centros como un poema inédito, como la música más precisa jamás escrita:

-Eso –sigue diciendo mientras se acaricia el cabello-, y quería saber si concebís, bueno pues que podemos vuelva a tratar con la plataforma de afectados por la hipoteca y sobre todo de afectadas, como ha dicho Irene porque, si vais a una reunión, lo que más hay son madres de familia, eh, eh, y nada, y también con el concepto de la salud mental, que la salud es toda, pero, olé por tus nenes, que yo me acuerdo del año pasado, jolín, pero… pero también la salud mental, que la tenemos muy poco en cuenta y que creo que es base total de un… de la sociedad capitalista, vamos, quiero decir como problemática. Gracias.

La cargazón de polenta de anoche no me deja entender bien a esta princesa rubia que me ha camelado desde que la vi anteayer. Aprovechando que ha terminado su intervención y que el bedel se acerca a recoger el micrófono, intento espabilarme y salgo al patio para que el bálsamo de la lluvia de verano me procure algo de biopolítica positiva y me permita evadir el carácter corporal de la performatividad. La miro a través del ventanal y me armo de nivel no solo foucaultiano, sino también butleriano, y sobre todo de delirio para decidirme a invitarla a un café en cuanto acabe la ponencia.


SEIS AÑOS DESPUÉS

Seis años después de haber escrito la hacienda anterior, mi amigo Vicente me envía la evidencia de que hubo alguien que dejó grabado todo para la posteridad. Aquí os dejo el enlace, para que podáis trasladaros con mayor solvencia hasta aquel curso de verano que aún hoy recuerdo como si hubiese sucedido ayer:

https://www.youtube.com/watch?v=-kIVkP8C0f4

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