LA VIDA EN IMÁGENES
LA
VIDA EN IMÁGENES
(LAS IMÁGENES DE LA VIDA)
(Publicado en la revista LAGAR Y LUZ, septiembre de 2022)
A la memoria de José Camacho, fotógrafo
Hay
calles y plazas que me recuerdan instintivamente a José Camacho. En realidad,
el pueblo entero me lo recuerda, quizá él mejor que nadie supo captar su
corazón, su identidad y su fluir vital. No en vano, por cualquiera de esos
lugares lo vi pasar más de una vez con su cámara en la mano y sus aperos al
hombro, buscando el encuadre, la sombra, la perspectiva, el alma que él sabía
ver cuando miraba lo cotidiano.
Hoy
han acudido a mí imágenes en blanco y negro en las que un día José Camacho
detuvo el tiempo, cuando Bollullos no era más que una isla varada en medio del
viñedo. ‘Tabernas’ expresa quizá más que otra cosa el viaje hacia el pasado
transitado, quizá también el regreso imposible a aquella felicidad efímera que
conformaba el sosiego tras la jornada de trabajo. Un perrero de corriente, en
aquellas calendas en las que entre el listán y el corriente había mucho más que
una distancia semántica, era una expresión popular, una locución llena de un
significado que ya no tiene y que nunca probablemente volverá a tener. Cucharro,
Las Cortes, Raspao, Marcelo, Las Cuatro Esquinas, Carrero, Los Topos… Lugares
de veneración no faltaron en las vidas de nuestras generaciones anteriores y él
supo preservarlos en el papel fotográfico. No sé quién tuvo la ocurrencia de
asegurar que la taberna es el alma de los pueblos, tal vez nunca oí esa frase y
es mi imaginación la que traza el paralelismo que une más que separa esas dos
palabras: taberna y alma, una sola puerta abierta al tiempo vivido, dos
conceptos que José Camacho supo aislar de lo cotidiano cada vez que accionaba
el disparador de su cámara y que luego nos entregaba llenos de vida.
Sí,
los azares del día a día me han llevado a toparme hoy con ‘Tabernas’, una
colección de cuarenta fotografías en las que la propia taberna no es más que la
excusa de la que se vale José Camacho para expresar el modo de vida que nos
acunaba hace veinte, treinta, cuarenta años. La botella en el estante demasiado
pequeño para la pared, las ventanas encaladas con su arco rebajado, el
calendario de la chica morena, la gorra echada hacia atrás, el tabernero
apoyado en la barra saliendo un poco del encuadre, la mesa de formica… Sin
que estén visibles en las imágenes de la serie ‘Tabernas’, José Camacho también
consigue mostrarnos los retazos de nuestra identidad vendimiaria y vinatera: el
jato, la bestia, el dornillo, el mosto, los serones chorreando y secándose en
las tardes de septiembre, el lagar rezumando vida… la partida de dominó y el
vaso de vino por la noche, el reposo.
Distancia
focal, profundidad de campo, exposición, planos… eran términos que siempre estaban
presentes en sus palabras. Alguna vez hablamos también de esos compañeros
ingratos para los que caminamos fuera de vereda que son la moda y el arrimo.
Conversaciones que transcurrían en su Taller Fotográfico mientras José manejaba
sus álbumes llenos de negativos gloriosos: ‘Feriantes’, ‘Paisajes del alma’, ‘Entre
duelas y solera’, ‘Pueblo’, ‘Valle de lágrimas’… trabajos fotográficos en los
que nuestro paisano se apodera de la rutina para mostrárnosla llena de valor y
de historia, obras en las que consigue congelar el ritmo del pueblo tal como era
en ese momento, tal y como todos lo recordamos, fotografías en las que José se convierte en el
alquimista que sabe extraer la savia y el tempo de nuestras costumbres, de
nuestros trabajos y divertimentos, de nuestras calles, de nuestra gente y de nosotros
mismos.
Recuerdo
también en estos momentos de ausencia su serie ‘Centellas’, sobre los galgos,
expuesta entre junio y julio del año 2000 en el Museo de Huelva, tercer premio
en Fotopres 94 y que acaso sea su monográfico más conocido; sus portadas dobles
en esta revista ‘Lagar y Luz’ de los años noventa… obras en las que depositó
su impronta y su manera de observar.
José
Camacho se fue de la misma manera mesurada y discreta en que vivió, se fue
dejándonos una parte de sí mismo y de nosotros, lo que fuimos y lo que somos, nuestra
propia vida plasmada en el blanco y negro de las imágenes.



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