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Mostrando entradas de 2025

EL BOSQUE PETRIFICADO

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EL BOSQUE PETRIFICADO (Publicado en la revista Papeles del Caracol, nº 0, junio de 2022) Paso un recodo más pequeño y miro a mi izquierda: decenas de troncos grises y retorcidos, altos y entecos, surgen de repente del agua como los dedos de un gigante elevándose al cielo pidiendo clemencia. -El bosque petrificado –digo en voz alta, quizá para invocar a la realidad en este paisaje onírico, para sobreponerme al silencio que rodea este lugar, mientras me viene a la memoria la película del mismo título. Me acerco y me cuelo entre ellos, remando con cuidado para no dar con el remo en los troncos. Son árboles secos que un día gozaron de savia y crecieron en una zona ajena al cauce, pero de la que el Tinto se adueñó con el tiempo. Ahora son árboles momificados por los minerales que arrastra el río, por la pirita y el arsénico, por este color anaranjado y rojo, negro como una pesadilla, por esa paleta cromática líquida e irreal que es la seña de identidad de este río Tinto tan cercano y ...

LA ORQUESTA MALATAO

LA    ORQUESTA    MALATAO (OS MÚSICOS DO COMBOIO) (Primer premio relato corto CIUDAD DE PALOS, 2004) A la memoria de   Antonio Domínguez “Marce” y Manolo Orta “Lolito” Cuántas lunas se colaron por la ventanilla de nuestro compartimento como una compañera más en los viajes de regreso. Blue Moon canturreábamos a pelo, sin sacar los instrumentos de los estuches, acompañándonos si acaso con las palmas de las manos en los muslos. Y mientras, la locomotora silbaba distante, tanto que hubiérase dicho que no era la misma que iba tirando de nuestro vagón.  Cuántas fueron las noches algarvías cuajadas de estrellas. Cuántas las conversaciones a media voz salpicadas de silencios cómplices. Creo que por eso nos gustaba hacer los viajes de vuelta con las luces apagadas, por si nos daba por hablar, sobre todo si la actuación había sido buena. Entonces los viajes nocturnos se convertían en uno de los momentos más gratos de la jornada y todos éramos conscientes de...

EL SÓTANO

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EL SÓTANO (Publicado en Microrrelatos Ilustrados  Universidad de Jaén, 2025) Aquel invierno Gutiérrez y yo compartíamos el caserón de la rectoría. La persona que desempeñó el cargo antes que él se había marchado, aseguró con una expresión de veneración y olvido. -Yo me encargo ahora de los quehaceres musicales de las parroquias y de la colegiata –murmuró entre los restos de una dentadura oscura y maloliente. Meses después, con ocasión de la jubilación de Gutiérrez, una tarde el asilo envió un carromato a recogerlo. Apenas un movimiento de cabeza le sirvió de despedida, dejando su olor rancio en los objetos y en los cajones de los muebles. También dejó sus viejas partituras y el pesado aro oxidado que abrazaba las llaves de las diferentes puertas de la vivienda. Solo faltaba la del sótano. -Está vacío, no merece la pena entrar –gritó antes de que el carromato se perdiese entre los charcos y la niebla fétida de la tarde. Entonces cogí un candil, bajé a la cueva y forcé la ...

LA VIDA EN IMÁGENES

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LA VIDA EN IMÁGENES (LAS IMÁGENES DE LA VIDA) (Publicado en la revista LAGAR Y LUZ, septiembre de 2022) A la memoria de José Camacho, fotógrafo Hay calles y plazas que me recuerdan instintivamente a José Camacho. En realidad, el pueblo entero me lo recuerda, quizá él mejor que nadie supo captar su corazón, su identidad y su fluir vital. No en vano, por cualquiera de esos lugares lo vi pasar más de una vez con su cámara en la mano y sus aperos al hombro, buscando el encuadre, la sombra, la perspectiva, el alma que él sabía ver cuando miraba lo cotidiano. Hoy han acudido a mí imágenes en blanco y negro en las que un día José Camacho detuvo el tiempo, cuando Bollullos no era más que una isla varada en medio del viñedo. ‘Tabernas’ expresa quizá más que otra cosa el viaje hacia el pasado transitado, quizá también el regreso imposible a aquella felicidad efímera que conformaba el sosiego tras la jornada de trabajo. Un perrero de corriente, en aquellas calendas en las que entre el lis...

BANDERAS

 BANDERAS (Publicado en Antología Narrativa Breve Villa de Madrid, 2017) Siento el impacto, un golpe seco que detiene un punto mi marcha, y después el líquido bajando caliente bajo la ropa. No hay dolor, sólo barro. Comprendo que caigo. El suelo mojado detiene mi peso. Nubes que bajan oscuras. Lluvia de vez en cuando sobre la chaqueta, golpeando suave mi espalda. Gritos, casi tantos como disparos. Círculos concéntricos en el charco junto a mi rostro. El agua tiembla y justo después un estruendo sube desde algún sitio bajo las entrañas de esta tierra extraña, que no nos pertenece pero que defendemos no sabemos de quién. Ahora llegan dos voces confundidas en un llanto y una plegaria. Lo poco que puedo girar el cuello me permite ver un casco mojado. Lluvia y sangre se reparten la chapa abollada.   Atardece en el horizonte hacia el que nos dirigíamos. Otras nubes dejarán allí su lluvia y su olvido. Me doy cuenta: la oración se ha apagado hace rato, pero continúa el llanto. No ...

MAZAGÓN

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MAZAGÓN (Publicado en la revista literaria Papeles del Caracol, nº 2, noviembre de 2023) A mis padres y a mis hermanos,  los héroes que me acompañaron en aquella épica Los domingos, no muy temprano, desembarcábamos en la playa de Defoe, de Salgari, de Stevenson y de Verne. Nuestra madre nos embadurnaba de Nivea mientras observábamos el horizonte en busca de una bandera pirata, de la arboladura de un bajel, atentos al chirriar de una polea... No eran necesarios catalejos ni corrientes ni mareas, los vientos carecían de valor, solo aguardábamos la bajada de las niñas de los dos únicos chalets que se levantaban tras el cordón de dunas. Nada había que nos importara más. Cecilia era la mayor, por contemplar los dos océanos que miraban llenos de agua y salitre al sonreír, yo hubiera dado los mundos conocidos y por conocer.  El rugir de las olas se apoderaba de nuestros oídos, tanto que la mañana transcurría como un grito continuo lleno de travesías y leyendas, de animales fabuloso...

CINCO PALABRAS

CINCO PALABRAS (Publicado en la revista Visor, nª 15, mayo 2019)  Sin música, la vida sería un error Nietzsche   El otoño llegó un miércoles en que septiembre dejaba caer toda su lluvia sobre las calles y las plazas, sobre los recuerdos y el olvido, sobre los años que habían ido pasando sin que ninguno de nosotros fuésemos conscientes de ello. Lo vi nada más entrar por la puerta giratoria, en medio del vestíbulo, buscando algo en los bolsillos de la chaqueta. ¿Era él? Sí, no cabía duda, era Franco.   FRANCO Habían pasado muchos años y seguramente pesaba el doble que antes, pero lo reconocí inmediatamente. Levantó la vista y se me quedó mirando un momento, al cabo del cual pronunció muy despacio mi nombre. Tras un abrazo, no demasiado largo para los años que hacía que no nos veíamos, se separó un poco, me miró a los ojos y quiso saber: -¿Cómo te has enterado? -Ojeando un diario digital, hace apenas unas horas. -Has tenido el tiempo justo entonces. Vié...

OTRA LLUVIA

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OTRA LLUVIA (PLAY IT AGAIN, SAM) (Publicado en la revista literaria Crecida, agosto de 1989, Ayamonte) Se ha ido húmeda de la lluvia y de esta locura ilícita que atenaza su cintura y desarma as time goes by.  Toca otra vez esa canción, Sam. Dame de ese bálsamo que me quita la vida. Nunca, nadie en este anochecer inédito donde mueren los advientos en blanco y negro crecidos de derrotas y recuerdos. Efímera ahora la noche tanta llena de nada y la lluvia, ¿dónde has metido esas notas que no oigo? Play it again, Sam. Toca otra vez esa canción tan que abrasa mi herida, sutura. Play it again porque cuanta noche me queda será más suya llena de esta música que se lleva mis ganas. Nada importa lo que nos depare el futuro mientras siga pasando el tiempo y haya whisky en el vaso. Tócala de nuevo, Sam. Mira mi gabán lleno de su agua de colonia, mojado de su traje de chaqueta y su sombrero, empapado de ella. Quizás sólo sea porque fuera está lloviendo. Play it, Sam, porque en esta noche...

ÚLTIMA VARADA

ÚLTIMA VARADA   (Primer premio de Relato Corto Villa de Iniesta 2015) I Ahora estos pliegos que sé que no leerás nunca. Estas nubes nuevas que lleva el aire que nos trajo hasta aquí, para buscarte en cada horizonte, en cada acantilado y las arenas. Las gaviotas que no cesan. Hemos arriado todo el trapo frente a los esteros de Saltés. Las cartas marinas dicen que hay un río de oro que desagua cerca y que, no muy lejos, a poniente, las arcas de los bueyes se pudren ebrias de olvido. No sé si te encontraré algún día para contártelo, para decirte que el soplo del foreño nos trae hoy reminiscencias de pajarracos pretéritos que nos conocen y que nos odian, que el salitre se mete entre la tablazón de cubierta, en los mástiles y en los surcos de nuestros rostros.   II Te escribo en los solsticios, en los paralelos de las lluvias y los amaneceres. Las hojas que, de vez en cuando, trae el viento o las ramas flotando desde la tierra firme tienen más sentido en los momentos ...